Descripción: Esta fotografía, tomada por un fotógrafo desconocido en Venezuela entre 1900 y 1906, pertenece al catálogo de la Detroit Publishing Company. La Detroit Photographic Company se inició como una firma de publicaciones fotográficas a finales de la década de 1890, de mano del empresario y editor de Detroit William A. Livingstone hijo, y del fotógrafo y editor de fotografías Edwin H. Husher. Obtuvieron los derechos exclusivos para utilizar el proceso suizo del "fotocromo" para convertir las fotografías en blanco y negro a imágenes en color e imprimirlas mediante la fotolitografía. Este proceso permitió la producción masiva de tarjetas postales, estampas y álbumes a color para su venta en el mercado americano. La empresa se convirtió en la Detroit Publishing Company en 1905.
Giorgio de Chirico pinta 'Misterios y Melancolía de una calle' en 1914, a los 26 años, cuando Europa se preparaba para la Gran Guerra.
Una fuente del misterio que emana de sus pinturas proviene de la estática del paísaje urbano clásico: grandes edificaciones, torres y plazas pobladas por sólo una pareja, cuyas dimensiones contrastan con la grandeza de la construcción. A veces se interpreta cómo la soledad a que se enfrenta el hombre moderno, una inquietud, una angustia existencial. Giorgio de Chirico fue lector de Nietzche en su juventud. Tal vez eso explique algunos aspectos de sus pinturas. Otros observan el silencio que transmiten sus obras. Un silencio por ausencia de gente. Pero ni Grecia de su juventud ni Italia son países silenciosos.
A diferencia de otras pinturas, en ésta se observa movimiento. La niña corre impulsando el aro con la barra. Esta pintura evita la sensación de tiempo detenido que transmiten otras obras del artista. También aquí vemos al final de la perspectiva de arcos, la banderola flameando al viento. Se ha visto también en esta pintura motivos de inquietud y de amenazas, de miedo - tal vez por extensión desde la obra general - pero aquí la niña juega.
Tal vez encontramos los símbolos - la serie de arcos - ¿representa aquella nostalgia del infinito que dió nombre a la pintura de la torre? Tiempo marcado por el movimiento y espacio parecen estar en juego en esta tela.
Una evocación de la arquitectura clásica, en todo caso premoderna. Que curiosamente hace pensar en sus similitudes con aquella de comienzos de siglo XX y de fines del ochocientos, cuando en los centros industriales y mineros se construía barrios enteros de construcciones que repetían al infinito el mismo patrón - como se observa en de Chirico y también en Edward Hope. Cusiosa coincidencia.
Quien haya caminado por ciudades italianas en días desiertos, sabe la impresión que produce el paisaje urbano formado por grandes edificaciones, monumentos de otros tiempos. También de iglesias a veces vacías, cerradas, abandonadas, detenidas en el tiempo...
¿Por qué entonces el título? ¿ recuerdos de su infancia?
En los años de universidad, recuerdo que una estudiante me contó que había hecho su tesis sobre los balcones cerrados de Lima y que había hecho el hallazgo de la extraordinaria historia que esa tradición había recorrido antes de llegar a Lima, me habló incluso de la India y de otros países que ahora no recuerdo. Los dibujos de Lima, en el blog de Arturo Gómez - Amautacuna de Historia - y el de la casa de Torre Tagle, han activado la memoria de aquella erudita conversación.
Gisèle Freund fotografió Berlín de los años cincuenta. Su cámara buscó la ciudad de su infancia y juventud pero Berlín de post-guerra era diferente de aquel de entreguerras que ella debió abandonar a los 25 años.
autoretrato, en Berlin 1952.
¿En qué barrio de Berlín habrá crecido?
De niña debe haber visto al Kaiser Guillermo II, el último Hohenzollern antes de la República. Berlín de los años de Weimar fue un interesante centro de vida intelectual y artística. Imagino conoció a Walter Benjamin a quien también interesaba la perspectiva de la infinita reproducción que la técnica abría al arte.
Su padre le regaló una Leica para la graduación y en la universidad Gisèle Freund participó de un grupo socialista berlinés, decidida a hacer de la fotografía parte integral de la práctica socialista.
Hasta que llegaron los nazis, Auschwitz y la guerra y ella debe partir. .
El 33 llega a Francia donde preparó el material para su libro ‘La fotografía y las clases medias en Francia durante el siglo XIX’ editado en Buenos Aires de 1946 por Losada en la colección Biblioteca Sociológica dirigida por don Francisco de Ayala.
Destino que se cruza, de dos personas que emigran de fascismos. Nos dejó fotos y libros, entre ellos éste sobre la fotografía en la Francia del ochocientos que hojeo 60 y tantos años más tarde.
Entre mis subscripciones está Ciudadanía Express, blog informativo, de Oaxaca. En su más reciente post presenta el libro ‘Al Sol. Fotografías de México, Camerún y Nicaragua’. Sostiene que …“En sus imágenes, la fotógrafa estadounidense Stella Johnson, no muestra lo dura que es la vida en las comunidades marginadas sino que captura la belleza que se puede encontrar en ellas.”
Pierre Assouline escribe sobre Henri Cartier-Bresson, a cien años de su nacimiento, que "podríamos relatar todo el siglo XX en imágenes, mezcla de felicidad y tragedia, exclusivamente con sus fotos...".
Gran parte de esas fotografías eran en blanco y negro. Ahora es con cierta nostalgia que observo esta fotografía tomada por Cartier-Bresson en 1932. Y me hace recordar un par de cosas.
La persona a cargo de la sala de pinturas contemporáneas de aquel museo de arte se acercó al ver al joven estudiante tomar algunas fotos de pinturas y preguntó por el tipo de film. Blanco y negro respondí. Algo sorprendida, comentó que era una buena decisión. Y me señaló las ventajas artísticas de la fotografía blanco y negro. Lo que había sido hasta ahí resultado de mis muy modestos recursos adquiría una luz distinta.
Pasaron algunas décadas. Por unos meses participé en un taller de fotografía, en un centro comunitario. Allí nuevamente aprendimos el desarrollo en papel de fotografía en blanco y negro también por gran economía de recursos. De la sabiduría del maestro jamaicano aprendíamos acerca del arte de la fotografía, el arte de ver, mientras armaba y desarmaba su cámara - y nos mostraba el lente. Para luego enviarnos a la calle a captar momentos en blanco y negro.
Buscando una imagen para un comentario sobre Bolivia - he encontrado esta fotografía en sepia.
Al final de los estudios, una amiga alemana de esos años tenía en casa una colección de fotografías tomadas en Guatemala. Una docena de temas de la infancia indígena desarrolladas en blanco y negro en tamaño grande. Colgaban en una pared de corredor. Al ver mi admiración por la colección - Maya me ofreció sacar algunas copias. Las tuve varios años - cerca de libros, pinturas y posters - pero en uno de los muchos cambios de esos años - las perdí.
Esta foto parece también salir del mundo de José María Arguedas. Con una mirada que en silencio nos interroga - como lo hace Arguedas - sobre su existencia, destino y ancestral cultura.