La Coctelera

El GAVIERO

Categoría: cultura política

13 Enero 2006

Un fin de semana decisivo - Domingo de elecciones.


Se trata de una sociedad pequeña pero compleja - y sin embargo Chile 2006 está a punto de elegir una mujer a la presidencia. En un país en que el presidente no sólo es jefe de Estado sino también de gobierno. Es muy probable que la Dra. Michelle Bachelet sea elegida - así lo dice también la más reciente y última encuesta.
He escrito ya unas líneas acerca del nuevo estilo que ella traerá a la política, y al probable efecto que eso tendrá no sólo en las élites políticas sino también en la ciudadanía. Un amigo, Otto Boye (co-editamos un blog: ciberamérica) ha escrito en su blog Aportes al Diálogo un comentario de cierre de campaña. En el que indica - que será bueno y sano para el país tener un presidente mujer. Que traerá con ella nuevas perspectivas. Un nuevo estilo le he dicho: Ella traerá un nuevo estilo.
Le han dicho muchas cosas desagradables. Y en la campaña, a momentos, ella ha acusado los golpes. Ha mantenido sin embargo un espíritu alegre, lo que es buena señal. Uno de los mini posters de propaganda electoral dice " sonríele a Chile".
Quisiera ver que en su presidencia ella entreteja solidamente esta creciente prosperidad económica con políticas públicas de nuevo espíritu que mejoren la calidad de vida de las mayorías, para una mejor sociedad y una mejor producción cultural.
El gobierno Lagos deja un legado de infraestructuras a punto. El rápido crecimiento no da oportunidad por sí mismo para mejoras sociales estructurales. Entiendo entonces que con la Dra. Bachelet, eso puede suceder: un gobierno abierto a introducir mejoras substanciales en la vida social, nuestra gran falencia: en el sistema previsional, educacional, laboral y también en el reconocimiento constitucional de los pueblos indígenas.

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15 Julio 2005

A propósito del comentario de Otto Boye sobre terrorismo

Otto Boye ha publicado en Aportes al Diálogo unos puntos principales para el debate. Escogo el segundo punto, acerca de las raices del terrorismo, para analizar uno de sus aspectos actuales.

Entiendo por terrorismo aquellos eventos que producen terror, situaciones caóticas, desesperación, miedo y dolor a la población civil. Sin embargo, lo que ha causado este último atentado ha sido mucho dolor, en quienes fueron sus víctimas y a sus parientes y cercanos, y a un número grande de personas que se han sentido afligidas por tantas muertes. Missing es el título de una noticia por quienes sufrieron el atentado en el bus 30 y quedaron allí. La palabra tiene todas las asociaciones del sufrimiento.
¿Qué puede llevar a un joven, o grupo de jóvenes a realizar un crimen de esta magnitud? Al leer la noticias, aún con la poca información que caracterizó los primeros días, – el momento más difícil- fue cuando de pronto logré comprender la tragedia de lo ocurrido abajo en esos túneles estrechos y profundos del metro de Londres. Y sentí el efecto de comprender ese dolor. Por eso mi pregunta es ¿Qué puede llevar a una persona a realizar un crimen así?
Creo que de los tres puntos planteados por Otto Boye, el segundo – acerca de las raíces profundas del terrorismo es el más difícil. La historia nos mostrará seguramente una tipología de casos, desde el terrorismo individual al terrorismo de Estado – como fue por ejemplo practicado por la dictadura militar en Chile y en Argentina. En común tienen éstos con el terrorismo actual, de este siglo, su desprecio indiscriminado por la vida; pues tanto en Nueva York como en Madrid y Londres, las victimas fueron de muchos países, lenguas y origen étnico. Un ejemplo masivo esta representado por Srebrenika, cuyo horror cumple diez años.
Dicho desprecio parece encontrar su fuente en el odio o la ira. En este caso, quienes realizaron el atentado, consideraban que el Islam había sido insultado o dañado.
Pero esto no podría ser motivo para ir a matar gente inocente. Por eso, creo, que en algún momento de su vida, quienes han hecho esto, deben haber roto la conexión con el sentido común, y haber entrado en una vida psíquica distinta, desde la cual ellos estarían llamados a traer la ira de Dios. Esta disposición personal al sacrificio propio y de los demás, en un crimen, le es fomentada por autoridades religiosas/políticas.
¿Qué factores componen una doctrina que puede producir tanta devastación?
En un analisis titulado "Why four young men turn to terror" y publicado por The Independent, (15 de Julio) un equipo de periodistas ( Kim Sengupta y otros) plantean una clave para entender este aspecto: establecen un vínculo entre la formación religiosa Islámica radical realizada en centros a los que asistían estos jóvenes, y su enrolamiento por activistas mayores, una vez que la base ideológica religiosa ya estaba formada. En las palabras del artículo:
"That introduction to radical Islam may have, in effect, "created" the individuals that the more senior agitator was seeking to exploit for his deadly plot. "
En cuanto al terrorismo como fenómeno político, en un debate de política italiana, hace solo unos meses, uno de los participantes indicaba que, no es que aquellos movimientos fuesen terroristas, sino que utilizaban políticas terroristas como una opción. Yo creo por ahora, que esos movimientos son terroristas por definición y que el terrorismo es un tipo de violencia particularmente inhumana, que desconoce las leyes más preciadas de la humanidad. ¿Qué puede causar un odio o una ira tan terrible para hacer tanto mal? ¿Puede uno llegar a explicarse eso?


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29 Junio 2005

Comentarios a " Falsedades o Distorsiones en la Historia de Chile" publicado en Aportes al Diálogo

En Aportes al Diálogo Otto Boye escribe:

"ALGUNAS FALSEDADES O DISTORSIONES EN LA HISTORIA DE CHILE

En la historia política chilena se han esparcido muchas falsedades. Enumeraré solamente algunas:
- País pacífico: en verdad, hay más violencia en la historia chilena de lo que se cree: guerras civiles en el siglo XIX; matanzas obreras (recordar la masacre de la Escuela Santa María de Iquique, entre otras); ejecución de jóvenes nazistas que se habían rendido a la fuerza pública en la torre del Seguro Obrero en el segundo gobierno de Arturo Alessandri; dictaduras de Ibáñez y Pinochet, con represiones que, en el segundo caso, alcanzaron niveles que dejan pálidas las practicadas en el primer caso.
- Campañas de terror en elecciones: no comenzaron en 1964, como se quiso hacer creer en su momento. A lo menos, ya en 1920 la derecha descalificó a Arturo Alessandri Palma al señalarlo como el "Lenin chileno" y trató de aterrorizar a los electores con esta acusación. La misma derecha satanizó a Pedro Aguirre Cerda, Gabriel González Videla y a Salvador Allende.
- Siembra de odio: la derecha acusa a la izquierda de iniciarla con su planteamiento de la "lucha de clases", pero, a la luz de lo mencionado sobre las campañas del terror, creo que es la derecha la verdadera iniciadora histórica de la siembra de odio en la sociedad chilena. Representando, además, a sectores que fundamentan su bienestar en la pobreza y explotación de grandes sectores de la población, aparece claro dónde puede estar el auténtico origen del odio. Hoy es legítimo preguntar, también, si esta siembra no estará en la base de las terribles violaciones a los derechos humanos perpetradas bajo la dictadura de Pinochet.
- Intervencionismo militar en la política: la prescindencia es un mito en el que se quiso creer muchas veces (recordar algunos discursos del propio Allende en esta materia). El intervencionismo ha sido constante, aunque a veces más encubierto que en otros países. Pero no comenzó con Pinochet. Sería fantástico si terminara con él, pero eso es todavía una futurista "música celestial".
Cada uno de estos puntos puede -¡y debiera!- desarrollarse y discutirse ampliamente. Hay literatura que se puede mencionar, si así se pide. Entretanto, bástenos repetir que la mentira no puede constituirse en el sustento de una sociedad sana. Demasiadas injusticias descansan sobre ella. De ahí la necesidad de seguir avanzando en la investigación de la verdad."
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Comentario - Arturo Durán:

La idea idílica de una historia pacífica de Chile - encuentra una realidad marcada por fuertes escenarios de violencia. A lo señalado en el texto, de la era republicana, podríamos también anteponer episodios de la era colonial - la Corona gastó en la Guerra de Arauco más que en toda la conquista de América. Cierto que había conversaciones y negociaciones, pero también mucha guerra local. La que luego en el siglo XIX y parte del XX, fue heredada por las élites locales en la pacificación de la Araucanía.
Un comentario al texto citado: el avance y los logros del ideal moderno de democracia vió en el país durante todo el siglo XX la tenaz oposicion de las élites conservadoras, fuesen mineras, agrarias y más tarde del capitalismo privado surgido al alero del fomento estatal. Y su reacción política a dichos avances, fuesen de trabajadores, mineros, del agro, al voto femenino, de las clases medias fué marcada por una disposición a la fuerza, a la violencia. Las reformas modernizadoras democráticas, - características del siglo pasado - que hacían del país una nación más moderna, irritaba profundamente a las élites tradicionales, a sus representantes políticos y en las instituciones militares. El largísimo y poderoso terror instaurado por la dictadura de Augusto Pinochet fue el intento de llevar al país a una vía no-democrática. Por eso, hoy, las derechas en el país, ya casi no deben recordar el último presidente de ellos elegido por votación, democráticamente - aquel de J. Alesandri, que terminó en 1964, hace ya 41 años! Por eso, hoy, tampoco es de extrañar que sus representantes más agresivos, recurran a gestos que transgreden "simbólicamente" la integridad de quienes ellos creen pueden agredir grátis, cómo antes, cómo cuando ellos eran aún los patrones, y el resto estabamos para servirles, como en los Santos Inocentes, de Miguel Delibez. Nuestras derechas tienen también algo de esos personajes de Buñuel y de Donoso, y un aire de violencia atemorizante.
Pero, aún me quedaría por ver, por qué razón, o para qué, inventar la narrativa pacífica? Y, cómo hacer para que evitar que cada avance democrático no sea un motivo más para la reacción visceral de las derechas?

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