Hoy en Chile hace 32 años, vivía aún Salvador Allende, el Presidente Socialista.
Yo mismo, en aquellos días, estaba a corta distancia de donde estoy ahora, frente al mar, al Océano Pacífico. Gran parte de estos 32 años los viví en otros países. Y sin embargo, que ahora vuelva a estar tan cerca de donde estaba en ese entonces, entre Valparaíso y Viña del Mar, a momentos me sorprende.
Mañana, será otro 11 de Septiembre. Allende murió solo, en palacio, en La Moneda. Fue Frida Schulz de Mantovani, escritora argentina, que unos meses mas tarde, en Buenos Aires, ruta generosa de exilio, me preguntaba, en su hermosa casa llena de libros, ¿Cómo fue posible? ¿Me puedes explicar por qué dejaron que Allende muriera solo?
Han pasado muchos años, y aún no tengo respuesta. Frida ya ha partido, murió hace años. Recuerdo que me habló de José María Arguedas. De la ceguera de Borges. De la cultura de Buenos Aires.
Muchos otros chilenos también murieron solos, terriblemente adoloridos, en las cárceles de Pinochet, a dos mil de ellos ni el estado ni la justicia ni el ejercito logran decir, y no parece tampoco inquietarles - como debiera hacerlo - donde escondieron sus restos los agentes del dictador. Y si no fuera por excepciones como el juez Juan Guzmán, sabríamos aún mucho menos.
En un giro sorpresivo, probablemente siguiendo esa ética rara que deriva de la razón de estado, el Presidente ha otorgado un indulto a un oficial de ejército encarcelado por un crimen emblemático de la dictadura y está actualmente empeñado en el fomento de más indultos. Esto ha pasado a llevar, en democracia - a victimas y familiares de victimas de la dictadura, muchos de ellos afectados por una falta de justicia en democracia, de tantos años y que, hoy aún, se ven postergadas. El poder tiene efectos extraños en las personas. En el drama de Shakespeare, la intención de Lear de resolver un problema a sus herederas termina provocando funestas divisiones.
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En Aportes al Diálogo Otto Boye escribe:
"ALGUNAS FALSEDADES O DISTORSIONES EN LA HISTORIA DE CHILE
En la historia política chilena se han esparcido muchas falsedades. Enumeraré solamente algunas:
- País pacífico: en verdad, hay más violencia en la historia chilena de lo que se cree: guerras civiles en el siglo XIX; matanzas obreras (recordar la masacre de la Escuela Santa María de Iquique, entre otras); ejecución de jóvenes nazistas que se habían rendido a la fuerza pública en la torre del Seguro Obrero en el segundo gobierno de Arturo Alessandri; dictaduras de Ibáñez y Pinochet, con represiones que, en el segundo caso, alcanzaron niveles que dejan pálidas las practicadas en el primer caso.
- Campañas de terror en elecciones: no comenzaron en 1964, como se quiso hacer creer en su momento. A lo menos, ya en 1920 la derecha descalificó a Arturo Alessandri Palma al señalarlo como el "Lenin chileno" y trató de aterrorizar a los electores con esta acusación. La misma derecha satanizó a Pedro Aguirre Cerda, Gabriel González Videla y a Salvador Allende.
- Siembra de odio: la derecha acusa a la izquierda de iniciarla con su planteamiento de la "lucha de clases", pero, a la luz de lo mencionado sobre las campañas del terror, creo que es la derecha la verdadera iniciadora histórica de la siembra de odio en la sociedad chilena. Representando, además, a sectores que fundamentan su bienestar en la pobreza y explotación de grandes sectores de la población, aparece claro dónde puede estar el auténtico origen del odio. Hoy es legítimo preguntar, también, si esta siembra no estará en la base de las terribles violaciones a los derechos humanos perpetradas bajo la dictadura de Pinochet.
- Intervencionismo militar en la política: la prescindencia es un mito en el que se quiso creer muchas veces (recordar algunos discursos del propio Allende en esta materia). El intervencionismo ha sido constante, aunque a veces más encubierto que en otros países. Pero no comenzó con Pinochet. Sería fantástico si terminara con él, pero eso es todavía una futurista "música celestial".
Cada uno de estos puntos puede -¡y debiera!- desarrollarse y discutirse ampliamente. Hay literatura que se puede mencionar, si así se pide. Entretanto, bástenos repetir que la mentira no puede constituirse en el sustento de una sociedad sana. Demasiadas injusticias descansan sobre ella. De ahí la necesidad de seguir avanzando en la investigación de la verdad."
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Comentario - Arturo Durán:
La idea idílica de una historia pacífica de Chile - encuentra una realidad marcada por fuertes escenarios de violencia. A lo señalado en el texto, de la era republicana, podríamos también anteponer episodios de la era colonial - la Corona gastó en la Guerra de Arauco más que en toda la conquista de América. Cierto que había conversaciones y negociaciones, pero también mucha guerra local. La que luego en el siglo XIX y parte del XX, fue heredada por las élites locales en la pacificación de la Araucanía.
Un comentario al texto citado: el avance y los logros del ideal moderno de democracia vió en el país durante todo el siglo XX la tenaz oposicion de las élites conservadoras, fuesen mineras, agrarias y más tarde del capitalismo privado surgido al alero del fomento estatal. Y su reacción política a dichos avances, fuesen de trabajadores, mineros, del agro, al voto femenino, de las clases medias fué marcada por una disposición a la fuerza, a la violencia. Las reformas modernizadoras democráticas, - características del siglo pasado - que hacían del país una nación más moderna, irritaba profundamente a las élites tradicionales, a sus representantes políticos y en las instituciones militares. El largísimo y poderoso terror instaurado por la dictadura de Augusto Pinochet fue el intento de llevar al país a una vía no-democrática. Por eso, hoy, las derechas en el país, ya casi no deben recordar el último presidente de ellos elegido por votación, democráticamente - aquel de J. Alesandri, que terminó en 1964, hace ya 41 años! Por eso, hoy, tampoco es de extrañar que sus representantes más agresivos, recurran a gestos que transgreden "simbólicamente" la integridad de quienes ellos creen pueden agredir grátis, cómo antes, cómo cuando ellos eran aún los patrones, y el resto estabamos para servirles, como en los Santos Inocentes, de Miguel Delibez. Nuestras derechas tienen también algo de esos personajes de Buñuel y de Donoso, y un aire de violencia atemorizante.
Pero, aún me quedaría por ver, por qué razón, o para qué, inventar la narrativa pacífica? Y, cómo hacer para que evitar que cada avance democrático no sea un motivo más para la reacción visceral de las derechas?
Historia de Chile,Chile
servido por arturodurán
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