La Coctelera

El GAVIERO

Categoría: Londres

15 Julio 2005

A propósito del comentario de Otto Boye sobre terrorismo

Otto Boye ha publicado en Aportes al Diálogo unos puntos principales para el debate. Escogo el segundo punto, acerca de las raices del terrorismo, para analizar uno de sus aspectos actuales.

Entiendo por terrorismo aquellos eventos que producen terror, situaciones caóticas, desesperación, miedo y dolor a la población civil. Sin embargo, lo que ha causado este último atentado ha sido mucho dolor, en quienes fueron sus víctimas y a sus parientes y cercanos, y a un número grande de personas que se han sentido afligidas por tantas muertes. Missing es el título de una noticia por quienes sufrieron el atentado en el bus 30 y quedaron allí. La palabra tiene todas las asociaciones del sufrimiento.
¿Qué puede llevar a un joven, o grupo de jóvenes a realizar un crimen de esta magnitud? Al leer la noticias, aún con la poca información que caracterizó los primeros días, – el momento más difícil- fue cuando de pronto logré comprender la tragedia de lo ocurrido abajo en esos túneles estrechos y profundos del metro de Londres. Y sentí el efecto de comprender ese dolor. Por eso mi pregunta es ¿Qué puede llevar a una persona a realizar un crimen así?
Creo que de los tres puntos planteados por Otto Boye, el segundo – acerca de las raíces profundas del terrorismo es el más difícil. La historia nos mostrará seguramente una tipología de casos, desde el terrorismo individual al terrorismo de Estado – como fue por ejemplo practicado por la dictadura militar en Chile y en Argentina. En común tienen éstos con el terrorismo actual, de este siglo, su desprecio indiscriminado por la vida; pues tanto en Nueva York como en Madrid y Londres, las victimas fueron de muchos países, lenguas y origen étnico. Un ejemplo masivo esta representado por Srebrenika, cuyo horror cumple diez años.
Dicho desprecio parece encontrar su fuente en el odio o la ira. En este caso, quienes realizaron el atentado, consideraban que el Islam había sido insultado o dañado.
Pero esto no podría ser motivo para ir a matar gente inocente. Por eso, creo, que en algún momento de su vida, quienes han hecho esto, deben haber roto la conexión con el sentido común, y haber entrado en una vida psíquica distinta, desde la cual ellos estarían llamados a traer la ira de Dios. Esta disposición personal al sacrificio propio y de los demás, en un crimen, le es fomentada por autoridades religiosas/políticas.
¿Qué factores componen una doctrina que puede producir tanta devastación?
En un analisis titulado "Why four young men turn to terror" y publicado por The Independent, (15 de Julio) un equipo de periodistas ( Kim Sengupta y otros) plantean una clave para entender este aspecto: establecen un vínculo entre la formación religiosa Islámica radical realizada en centros a los que asistían estos jóvenes, y su enrolamiento por activistas mayores, una vez que la base ideológica religiosa ya estaba formada. En las palabras del artículo:
"That introduction to radical Islam may have, in effect, "created" the individuals that the more senior agitator was seeking to exploit for his deadly plot. "
En cuanto al terrorismo como fenómeno político, en un debate de política italiana, hace solo unos meses, uno de los participantes indicaba que, no es que aquellos movimientos fuesen terroristas, sino que utilizaban políticas terroristas como una opción. Yo creo por ahora, que esos movimientos son terroristas por definición y que el terrorismo es un tipo de violencia particularmente inhumana, que desconoce las leyes más preciadas de la humanidad. ¿Qué puede causar un odio o una ira tan terrible para hacer tanto mal? ¿Puede uno llegar a explicarse eso?


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10 Julio 2005

Un blog-testimonio, desde Londres.

Traducción libre del texto escrito por Léonie en su blog, el día Jueves, en Londres.
El texto lo presenté ayer en su versión en Inglés. Entretanto, impresionado por su descripción, lo he traducido.

SUPONGO QUE AUNQUE NO HAYA PALABRAS PARA DECIRLO, ÉSTAS TENDRÁN QUE HACERLO.

Hoy día, Londres es un lugar muy extraño y atemorizante para estar aquí.

Mi oficina esta situada a cinco minutos de Liverpool Street y a dos minutos de Old Street. Ningún lugar de Londres está muy alejado de otro, o por lo menos así es como se siente hoy día. La sensación de escuchar las sirenas en la televisión, y luego caminar unos pocos pasos y escuchar las mismas sirenas aullando a través de las ventanas es aterradora e invasiva.

Esta mañana, caminé a la Estación de Metro London Bridge solo para quedar confrontada con un océano de personas vestidas de negro, todos tratando en vano de embarcarse en el metro y ser transportados al trabajo; ninguno de nosotros entendía la interrupción de nuestras rutinas. Cuando suceden retrasos del transporte público, uno puede distinguir fácilmente a las personas pacientes, que piensan que eso no está en sus manos, y distinguirlos rápido de aquellos impacientes que se irritan y que empujan, y que pelean por abrirse camino a través de la inmensa multitud como si el océano fuese a dividirse inmediatamente para ellos. No estoy segura de no haberme imaginado esto entretanto, pero creo que esta mañana la atmósfera había sido alterada. Había menos de estas últimas personas, había menos impaciencia y enojo frustrado, pero simultáneamente había menos comprensión acerca de la causa del atraso. La confusión reinaba de forma suprema.

La confusión reina aún, supongo.

Tomé el bus a la salida de la estación London Bridge, en dirección a Liverpool Street. En el trayecto adelantamos interminables columnas de gente, todos vestidos de un tono que ahora, en retrospectiva, parece fuese negro de funeral, cuando en realidad, por supuesto, era solo el uniforme oscuro de los trabajadores urbanos. Marchando por el puente, la firme resolución de llegar al trabajo parecía transformar cada individuo en solo una pequeña parte de una masa viva, concentrada e infalible.
Para cuando nos acercábamos a Liverpool Street, la atmósfera ya se había vuelto más densa, había más gente en las veredas. Las calles estaban bloqueadas, y sabiendo que Liverpool Street estaba a menos de cinco minutos caminando, yo y la mayoría de los otros pasajeros nos bajamos del bus. Fragmentos de conversación en la vereda. Palabras fugaces captadas pero que quedaban sin respuesta. Explosión. Terroristas. Bomba.

Caminando doscientos metros más por la vía pude ver la fosforescencia de las casacas de muchos policías resaltando en la mañana del jueves y contrastando fuertemente con los grises edificios de Central London. Las áreas acordonadas parecían elegidas en forma aleatoria, y cuando una corriente de gente se acercaba, el policía iba y con un ligero toque en el brazo los alejaba, esquivando las preguntas mientras se dirigía a la próxima persona desorientada.

Ha habido tres/cuatro/nadie sabe exactamente cuantas bombas. Allí donde yo estaba, nadie sabía. Fue una pequeña explosión o una caída de corriente eléctrica. Nadie que dijera todo esto ( en el texto hay un link) . Camine al trabajo. La gente iba caminando por la calle, agrupándose entre desconocidos, preguntándose y dándose respuestas basadas en conjeturas o rumores. Había policías con perros rastreadores y expresión sombría patrullando las calles. Pequeños grupos se agrupaban preocupados afuera de las oficinas, compartiendo cigarrillos y secándose la lluvia de sus pálidas caras.

Era, por decir lo menos, extraño.

Parte de esa rareza es talvez derivada del hecho que se siente como si nadie realmente supiera qué es aquello de lo que estamos tan cerca. Está este subyacente pánico que nadie quiere nombrar de verdad, pero que hace que todos nosotros llamemos a nuestras familias y amigos, y miremos a desconocidos en la calle, agradecidos de estar vivos.

Todavía puedo escuchar los helicópteros arriba y las sirenas y sus ecos. Mas allá de eso, y de la omnipresencia de la voz del presentador de la televisión, todo Londres parece extrañamente tranquilo. ¿En shock? ¿Anticipando? Talvez solo estemos manteniendo nuestra respiración colectiva.

Que día más extraño para estar en Londres.
Posted by Léonie at 12:27 PM

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9 Julio 2005

Palabras que nos hablan de las calles de Londres en la mañana de ese Jueves.

del blog de Léonie, 23, londinense, de la mañana del día jueves, camino al trabajo. El relato fue seleccionado por el semanario alemán Der Spiegel, por su caracter genuino.

Thursday, July 07, 2005
I suppose, when there can be no words, words will have to do.

Today London is a very strange and scary place to be.

My office is five minutes from Liverpool Street, two minutes from Old Street. Nowhere in Central London is very far away from anywhere else, or at least that's what it feels like today. The sensation of hearing the sirens on the television, and then walking a few steps and listening to the same sirens wailing through the windows is terrifying and pervasive.

This morning I walked into London Bridge tube station only to be confronted with an ocean of black suited people, all trying in vain to board the tube and be whisked off to work, none of us understanding the disruption in our routines. When there are delays in public transport, you can clearly pick out the patient 'it's out of my hands' people, and differentiate them quickly from the angry, impatient people who push, shove and battle their way through the immense crowds as if the ocean should part immediately for them. I'm not sure whether this is something I have since imagined, but I think the atmosphere had been altered this morning. There were less of the latter people, there was less impatience and frustrated anger, but simultaneously there was less understanding of the cause of the delay. Confusion reigned supreme.

Confusion still reigns, I suppose.

I got on a bus outside London Bridge, heading up to Liverpool Street. As we rode along we passed endless streams of people, all dressed in what in retrospect seems like funereal black, when in fact, of course, it was just the dark uniform of the city worker. Trooping across the bridge, the staunch resolution to get to work seemed to transform each individual to just one tiny part of a pulsating mass, focused and unerring.
By the time we were nearing Liverpool Street, the atmosphere had thickened, there were more people on the pavements. The roads were blocked, and knowing that Liverpool Street was less than five minutes walk away, I and most of the other passenges got off the bus. Snippets of conversation on the pavement. Fleeting words caught but left unexplained. Explosion. Terrorists. Bomb.

Walking two hundred metres up the road I could see the fluorescence of the many police officers' jackets flashing through the Thursday morning drizzle and contrasting starkly against the looming grey towers of Central London. The areas cordoned off seemed almost randomly selected, and as streams of people drifted in and out policemen would walk up and with a light touch on the arm guide them out, deflecting questions as they moved on to the next misguided individual.

There have been three/four/nobody knows exactly how many bombs. Nobody knew where I was. It was a small explosion, or a power surge. There was nobody saying all of of this. I walked to work. People were walking in the roads, huddled with strangers frantically questioning and giving each other answers based on conjecture or rumour. There were policemen with sniffer dogs and sombre expressions patrolling the streets. Small groups collected worriedly outside offices, sharing cigarettes and wiping the rain from their pale faces.

It was, just to throw you with a wild understatement, strange.

Part of the strangeness is maybe derived from the fact that it feels like nobody knows quite what it is we're all so close to. There is this understated panic that nobody can really name, but that makes us all call our families and friends, and stare at strangers in the street, grateful they're alive.

I can still hear the helicopters overhead and the sirens echoing. Other than that, and the omnipresent television presenters' voices, the whole of London seems oddly quiet. In shock? In anticipation? Maybe we're all just holding our collective breath.

What a strange day to be in London.

posted by Léonie at 12:27 PM | 12 comments

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